Reportajes

Una vida digna para todos

Por Rebecca Bowman

Irónicamente, hoy, que es Juneteenth, el día en que se celebra la llegada de la noticia de la emancipación de los esclavos a Tejas, por todos los medios de comunicación hay imágenes de niños en jaulas y grabaciones de niños llorando por sus padres ausentes. Es más que obvio que esta política de la administración de Trump de separar familias es inhumana, es bárbara e insostenible.

Exijo, exigimos, la inmediata suspensión de estas acciones gubernamentales que van en contra de los derechos humanos.

La retórica reciente de Trump, el uso de palabras como infestar, como inundar, al referirse a los inmigrantes es señal evidente de que es un adherente al nacionalismo blanco. Los documentos y reportes de que la política condenada en efecto hoy, estaba planeada desde los comienzos de su administración, muestran que estas acciones forman parte de una estrategia deliberada, conspirada y de intenciones nefastas.

Hay que actuar y hay que hacerlo antes de que esta nueva posición se concretice y normalice, pues al rato ni nos vamos a dar cuenta de lo injusto que es. Es lo que pasa. Una injusticia se repite una y otra vez hasta llegar a ser ubicua, algo que siempre ha sucedido, un así son las cosas y luego ni la cuestionamos, la damos por hecho.

Pero también quisiera ampliar el enfoque de lo que estamos viendo como bárbaro para observar que, aun si esta política en particular se suspende, nuestras suposiciones habituales sobre varios asuntos también ayudan a que continúen las injusticias, y mientras no erradiquemos estas suposiciones no vamos a progresar.

Por ejemplo, celebramos cuando un estudiante proveniente de una zona de pocos recursos llega a una buena universidad, pero no nos preocupamos por asegurar que haya acceso a una buena educación en todos lados.  Hablamos de cómo alguien en una posición de estrechez logró superarse económicamente en lugar de buscar la manera de que cualquier persona pueda vivir una vida digna no importa cuál sea su profesión.

Igualmente celebramos si un inmigrante llega a ser aceptado como parte de nuestra comunidad, pero nos olvidamos de las circunstancias monstruosas que lo obligaron a salir de su país de origen y de los miles de personas que siguen en aquellas circunstancias. Hay que tomar conciencia de estas circunstancias, ya sea que vengan de una situación obviamente política o de una situación que pretendan los políticos norteamericanos hacernos creer que es asunto privado aun cuando los actores privados son los que realmente controlan lo que sucede en ciertas zonas del país, o si vienen de situaciones milenarias pero injustas que siguen siendo consecuencia de nuestras estructuras políticas, económicas y sociales y que hacen que quienes viven en ciertos países sean pobres, que carezcan de lo más básico, que no tengan lo que los norteamericanos vemos como algo a lo que ya tienen derecho.

Cuando los padres aun sabiendo que hay una gran posibilidad de que los separen de sus hijos y de todas maneras optan por cruzar la frontera, es señal de que hay algo innombrable que los ahuyenta.

Y los norteamericanos egoístamente prestamos poca atención; no nos preguntamos si es justo o no que según si uno nació en un territorio u otro sean tan distintas sus posibilidades de vida, las protecciones que tendrá, su capacidad de moverse por el mundo o simplemente de contar con un lugar seguro.  Que esta emergencia moral se solucione, pero que no dejemos de mirar a nuestros hermanos en donde sea que vivan y preocuparnos porque también gocen de una vida plena, abundante en amor y dignidad.

Entonces luchemos para que se deje de separar a las familias, que se abandonen políticas migratorias restrictivas e injustas, pero también, si es que esta crisis humanitaria se desvanece con un tweet, con un decreto, o con un edicto o una nueva ley, no vayamos a enfocarnos en la siguiente controversia manufacturada expuesta en los medios sociales.

No dejemos de ver que el mundo debe ser justo para todos, en donde sea que se encuentren; dejemos de suponer que las cosas como son siempre han sido así y que eso no tiene nada de malo.

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