Entrevista

Madre, tenemos hambre regálanos tu pan

Por Alfredo Ávalos

Norma Romero recuerda la mañana de 1995 en que sus hermanas regresaron a casa sin pan y sin leche para el desayuno y con la noticia de que había gente montada en los trenes de carga que pasaban por el pueblo. “No son mexicanos y tienen hambre”, fue la única frase que encontraron para explicarle a su madre porque les habían regalado las compras del mercado.

22 años después, ese tren carguero continúa pasando por el rancho “La Patrona” Municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz y entre su carga sigue habiendo gente con hambre, por eso la labor que la familia Romero Vázquez comenzó una mañana de 1995 sigue siendo urgente y nos compete a todos, afirma “La Patrona”.

Madre, tenemos hambre regálanos tu pan

Estamos sentados en el lobby del hotel Cambria en McAllen Texas, a donde Norma Romero fue invitada por el Festival Internacional de Poesía Latinoamericana, (Feipol), uno más de los lugares del mundo a donde el reconocimiento de su labor y el de un grupo de mujeres llamadas “Las Patronas” la ha llevado.

“Nunca me imaginé que me invitarían algún día a un festival de poesía” dice Romero, como justificando su presencia en un lugar lleno de poetas, pero es claro porque la han invitado, Norma no es solo un agente de cambio social, la elocuencia de su palabra es poética, nace del corazón de una mujer campesina profundamente comprometida con una causa, la inmigración, algo que dice antes de 1995 no había oído hablar.

“No son mexicanos” anunciaron sus hermanas aquella mañana, y a doña Leonila Vázquez, la madre de las Romero no le interesó en ese momento la nacionalidad de aquella gente, ella escuchó la segunda parte de la oración …y tienen hambre”. Enseguida preguntó simplemente ¿Qué vamos a hacer? Y comenzaron a planear como darle de comer a esa gente aumentándole a la cazuela familiar.

“Comenzamos poniendo 10 tacos en cada bolsa e hicimos 30 bolsas para el día siguiente” recuerda Norma. “Mi papa nos dijo como amarrar con mecate las bolsas y las botellas con agua para tirárselas a la gente que iba en el tren y que pudieran agarrarla sin bajarse”.

Pronto Las Romero, a quienes entonces no llamaban Las Patronas sino “locas” por darle de comer a desconocidos, se dieron cuenta de que el presupuesto familiar no iba a alcanzar para alimentar todos los días a toda la gente que pasaba en el tren y se fueron al campo a recoger la fruta caída de los árboles y pidieron lo que sobraba en los mercados.

Así, sin ser una organización oficial, sin la ayuda del gobierno, más que de una parte de la comunidad, las mujeres se dieron a la tarea de alimentar al necesitado, a la gente montada en un tren que comenzaron a oír, los migrantes llamaban “La bestia” y que como toda bestia tenía una cuota de sangre que se pagaba con la vida de los que caían de los vagones y morían o quedan amputados al pasarles las ruedas de acero por encima.

Poco a poco, Las Romero fueron conociendo las historias desgarradoras de la gente que pasaba en la bestia rumbo al norte. “La gente que va en ese tren ha dejado todo, su familia, su país para buscar una vida mejor para los suyos, y nosotros que podíamos darles una comida, no podíamos quedarnos cruzadas de brazos”. Dice Norma.

Porque el rancho en donde viven Las Romero se llama “La Patrona” y porque veneran a la virgen de Guadalupe, el nombre de “Las Patronas” les fue asignado de manera natural por la voz de los inmigrantes que poco a poco fueron corriendo la noticia: En la peligrosa ruta de la bestia, hay un lugar en donde unas mujeres de buen corazón lanzan bolsas con comida y agua a los migrantes.

“Al principio no nos gustaba el nombre” Dice Norma, “Porque patrona se entiende como alguien que manda y nosotras estábamos ahí para servir. Pero siendo del rancho La Patrona, todas mujeres y devotas de la virgen, lo aceptamos con humildad”.

Por muchos años nadie, excepto los migrantes, conocían de “Las Patronas”, pero no importaba porque lo suyo era una misión que no precisaba de reflectores, ni de reconocimiento, era y continúa siendo un apostolado que se nutre de la fe y de la capacidad de ver a los migrantes como seres humanos. “Nos han dicho que estamos locas por meter gente extraña a nuestra casa. Pero a nosotros no nos interesa su pasado, si es que lo tienen, vemos el sufrimiento de gente que lo ha dejado todo”

“Como mujeres y madres, pensamos en nuestros hijos, en que, si bien en ese entonces en nuestro rancho las cosas estaban bien, y los muchachos no tenían que irse, pensábamos en que si alguna vez se iban no nos gustaría que lo hicieran en ese tren, de ese modo”.

En 22 años de labor, “Las Patronas” han visto pasar miles de inmigrantes, los han alimentado, cuidado cuando están enfermos, hablado por ellos antes las autoridades sanitarias y de inmigración. Ha visto también con al principio, los viajeros de La bestia eran solo hombres jóvenes, luego también niños, mujeres y personas mayores.

En esa diáspora de personas desesperadas viajando sobre los vagones del tren Las Patronas han visto también personas de otras latitudes, que no habla español y Norma Romero nos pregunta.

“Nomás imagina ¿Cuántas fronteras habrán tenido que cruzar? ¿Cómo puede alguien verlos con indiferencia?”

Gracias al premio donado por los realizadores de un documental sobre su actividad, fue que “Las Patronas” pudieron construir el albergue “Esperanza del Migrante” en el rancho “La Patrona” Municipio de Amatlán de los Reyes, Veracruz, en donde los migrantes encuentran un lugar para descansar, si así lo desean, antes de continuar su camino rumbo al norte sobre el lomo de la bestia.

Además de continuar alimentando a los pasajeros de los trenes de carga que pasan por su pueblo, “Las Patronas” comparten también sus experiencias por el mundo, porque dicen, el drama de la inmigración se repite en todas partes. Han estado en países como España, Inglaterra, Italia, Colombia y Puerto Rico y en todas partes encuentran historias semejantes de gente que buscando una vida mejor, lo arriesga todo.

En 2013 el Gobierno de México les otorgó a “Las Patronas”, el Premio Nacional de Derechos Humanos y La Federación de Estudiantes Universitarios le otorgó este 2017 el premio “Corazón de León”, entre otros reconocimientos que han recibo el grupo de mujeres campesinas que en 1995 decidieron hacer lo que su fe les dictaba: Alimentar al hambriento.

Por último, le preguntamos sobre el clima antiinmigrante que vive Estados Unidos y la intención de construir un muro a unos pasos de donde nos encontramos en la frontera con México:

“Él puede construir grandes muros, él puede hacer leyes que nos puedan joder a muchos …pero eso no va a cambiar nada…Los migrantes haya muro o no haya muro van a buscar por donde entrar…Si él de verdad tuviera coco, haría lo que hace Canadá, darían (permisos) de trabajo temporal. A Canadá la gente va por tiempos y no se quiere quedar, porque ama a su país, pero necesitan trabajo…y estos países necesitan la mano de obra barata. Yo soy campesina a mucha honra y te puedo decir que el trabajo del campo es el más pesado que hay y ese trabajo no lo van a hacer los americanos, lo hacen los inmigrantes porque ellos aman la tierra”.

“Nos interesa que la gente vaya (a La Patrona) a vivir la experiencia. Que vayan y conozcan todo lo que tienen que pasar para llegar hasta aquí.”

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