Opinión

Cruzando fronteras

Op-Ed Por Rebecca Bowman

Transnacional, transcultural son palabras que no se escuchaban hace unas décadas pero que ahora describen el existir de muchos, incluyendo el mío. ¿Cuántas personas que conozco viven entre dos naciones o tienen dentro de su familia a personas con diferentes estados migratorios? ¿Cuántos idiomas se hablan entre mis amigos? ¿Con cuántos trato que no caben dentro de esas categorías tan fijas en las que nos quieren poner los de la derecha?

Para las familias transnacionales estas categorías son maneras de pensar binarias que poco tienen que ver con nuestra vida, conceptos de lealtad casi feudales en donde hay que escoger entre una nación y otra aun cuando ambas comparten historias y valores comunes, o elegir entre dos religiones como si fuesen éstas fuerzas opositoras y no senderos hacia un mismo fin, u obligar a la gente a seguir comportamientos predeterminados y arbitrarios asignados a uno u otro género.

Si quiero eliminar el peligro de que me encasillen, necesito entender por qué estas casillas existen, por qué hay esta bifurcación entre una visión de izquierda que ve una América hermosamente diversa y la de la derecha que imagina una América monolítica. Un factor que quizá lo explique, al menos en parte, es el aislamiento geográfico. Me acuerdo del asombro que sentí cuando en una clase universitaria pregunté a los alumnos: – ¿quién ha salido de Tejas?  -y sólo dos personas de veinticinco levantaron la mano. Si algo tiene el inmigrante, es la experiencia de vivir en otro país, de lidiar entre dos sistemas, de rozar con algo desconocido para descubrir que esta nueva cosa extraña tiene sus méritos. En cambio, mientras más alejado de las fronteras viva un estadounidense y mientras menos recursos tenga, menos oportunidad ha tenido de interactuar con otras maneras de vivir.

No quiero menospreciar la rica cultura anglosajona de las zonas rurales, pues indagando bien se encuentra ahí un tesoro de conocimiento, de tradiciones, de rituales, una inmensa complejidad digna de mil estudios.  Incluso en la supuesta homogeneidad que surgió en Estados Unidos después de la Primera Guerra Mundial al crearse la cultura masiva, los suburbios, las gelatinas y los guisos de cacerola, los potlucks y partidos de béisbol, hay mucho que apreciar. Pero la experiencia de trasladarse de una zona a otra, ya sea física o cultural, es muy importante para ampliar perspectivas y crear una sensación de solidaridad que traspase las divisiones entre tribus.

Los prejuicios de otra persona me podrían tener sin cuidado si no afectaran mi bienestar ni el de los demás, pero ahora que la Suprema Corte ha apoyado las zonas electorales trazadas en Tejas, a pesar de que se ha probado que éstas desfavorecen a los latinos, nos preocupa aún más la opinión de los de la derecha, pues parece que los votos de éstos seguirán determinando nuestro futuro.

Ahora, ¿cómo convencer a quienes lamentablemente tienen más poder a la hora de votar que lo que traspasa no transgrede, que ser diferente a uno no es pecar? Esta cuestión, si la logremos resolver, quizá sea clave para disminuir tanta polarización.

Que conste, no creo que la falta de apertura sea problema únicamente de los de la derecha. Asistí una vez a una presentación sobre un proyecto de arte, el Peace Paper Project, en donde se convertía la ropa de uno – uniformes de veteranos, la vestimenta de refugiados – en papel artesanal. Era un proceso que ayudaba a sanar heridas, a reclamar uno lo que era su vida. Me imaginé que el proyecto se extendiera para que un par de participantes compuesto de uno que apoyara a Trump y otro que hubiese votado por Clinton en conjunto creara con prendas de los dos las hojas de papel. Lo sugerí y sentí un rechazo casi visceral a la idea en el grupo en el que me encontré, que evidentemente era de la izquierda, y al que claramente le desagradaba pensar en lo que sería un ejercicio en el que se mezclaba la ropa y, entonces también, el material genético de uno con el de sus oponentes. Pero ese roce entre las dos burbujas, la de la derecha y la de la izquierda, en que nos encontramos ahora quizá serviría como otra experiencia transfronteral, creando nuevos entendimientos que ampliaran todas nuestras perspectivas.

Arte: Lucia Chinaleong | splendus.wordpress.com

0 comments on “Cruzando fronteras

Leave a Reply

%d bloggers like this: