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Joe Arpaio, el sheriff antiinmigrante que perdonó Donald Trump

Por Jaime Cortés Sandoval | Foto by Gage Skidmore

Resulta difícil esbozar una imagen del autonombrado Sheriff más duro de Estados Unidos, y no porque sea un misterioso acertijo sin explicación, sino por su cinismo desconcertante y retorcido.

Quizá la manera más fácil de explicarnos quién es éste hombre sea echar un vistazo a las últimas elecciones para elegir sheriff en el condado de Maricopa, Arizona. Joe Arpaio perdió por apenas cinco puntos porcentuales contra el demócrata Paul Penzone; una mínima diferencia tomando en cuenta todas las acusaciones que lleva sobre la espalda, sin embargo, ese es Arpaio, una moneda en el aire, un personaje tan ruin que desempolva las ideas más detestables de una población para ponerlas a su favor.

Nacido en 1932, curiosamente un día de la bandera estadounidense, en Massachusetts, Joe Arpaio tuvo una infancia dura. Hijo de inmigrantes italianos, su madre murió en el parto, mientras que su padre prefirió no hacerse cargo de él. Arpaio pasó su niñez con diferentes familiares dependiendo de si podían cuidarlo o no. Según sus palabras, “trabajando duro” para encontrar su lugar en el mundo.

Al cumplir la mayoría de edad se enlistó en el ejército donde permaneció tres años, para después mudarse a Washington D.C, donde comenzó su carrera como policía. De Washington pasó a las filas de la policía de Las Vegas, en Nevada. Todo parecía indicar que Arpaio era un hombre promedio con una vida tranquila. En 1956 contrajo nupcias con Ava Arpaio, con quien tuvo dos hijos y formó lo que nunca en su historia había tenido; una típica familia americana.

Luego de su periodo como policía, Arpaio se sumó a las filas de la DEA como agente especial, donde durante 32 años comenzó a llamar la atención por su mano dura al aplicar, muy a su manera, la ley estadounidense. Tras ser agente especial en Turquía y México, Arpaio dejó su trabajo como director de la DEA en la división de Arizona para ser el alguacil de Maricopa en 1992, puesto que ocupó ininterrumpidamente hasta hace apenas unos meses.

Durante su mandato como sheriff de Maricopa (condado que cuenta con la ciudad de Phoenix), Arpaio se dedicó a crear un reino del horror que rayaba en lo fascista. Desde 2006 sus subordinados se encargaron de ejecutar una “caza de inmigrantes”.

Fue más de una década en la que Joe Arpaio convirtió a todos sus elementos en crueles agentes de inmigración, quienes tenían la encomienda de detener a todo aquel que fuera considerado como sospechoso de estar en territorio estadounidense de manera irregular. Las sospechas giraban básicamente en torno al color de piel y al aspecto físico.

“No voy a cambiar mi política. No trabajo para Amnistía International, Libertades Civiles y esas bien intencionadas organizaciones”, se justificaba.

Las acusaciones de racismo en contra de los agentes de Maricopa tomaron forma en una denuncia colectiva y alcanzaron que en el 2011 el juez federal de Arizona, G. Snow Murray, ordenara el cese de la rudimentaria política de Joe Arpaio, considerando esas prácticas como ilegales. Sin embargo, el ex sheriff no cumplió con la orden y continuó con las redadas en busca de inmigrantes, principalmente hispanos.

La caída de Joe Arpaio inició justo el día en el que su simpatizante más mediático ganaba la contienda por la Casa Blanca; mientras Donald Trump se llevaba las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Arpaio perdía su estrella como sheriff.

El camino que comenzó con una derrota electoral a manos del demócrata Paul Penzone parecía llegar al epilogo; pues luego la juez Susan Bolton determinó una sentencia a Arpaio por desacato, al negarse a cumplir la orden federal impuesta en el 2011 que lo obligaba a ya no utilizar sus inhumanas tácticas raciales.

Aunque la justicia parecía por fin haber alcanzado a Arpaio muchos se preguntaban si ¿Realmente pagaría con seis meses tras las rejas todos los delitos que cometió en contra de los inmigrantes? La respuesta parecía obvia, pero al menos se había hecho justicia y se enviaba un mensaje a

Sin embargo, estos no son tiempos típicos en la sociedad estadounidense cuando el propio presidente Donald Trump sugiere que los cuerpos policiacos dejen de ser tan blandos en la ejecución de la ley. “Please don’t be too nice with arrestees” dijo el presidente el pasado 29 en un discurso en Long Island New York.

Y mientras una de las más grandes tormentas de la historia en Estados Unidos se abatía sobre Texas, el presidente Donald Trump cumplió su promesa de perdonar al sheriff antiinmigrante.

“Arpaio ha hecho un gran trabajo por la gente de Arizona” dijo el presidente el lunes 28 de agosto, cuando los ojos de todo el mundo presenciaban como la cuarta ciudad más grande del país amanecía bajo el agua de Harvey. “Él es fuerte cuidando la frontera, es duro con la inmigración ilegal. Ama a Arizona, y creo que ha sido tratado injustamente”.

Y así sin más, lo perdonó, sin que Arpaio hubiera siquiera escuchado la sentencia programada para el 5 de octubre.

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